A pesar de no haber visitado ningún zoológico en los viajes, sucedió que encontramos una plaza muy particular, seguramente tendría otro brillo en verano.
Se pueden escuchar los alaridos frenéticos de las fieras.
Mostrando las entradas con la etiqueta Francia. Mostrar todas las entradas
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Los jardines colgantes de Babilonia
Una de las siete maravillas del mundo antiguo, más información.
Pero ahora me refiero a los de París**.
El francés Patrick Blanc se dedica a decorar las paredes con una manta de plantas vertical. Para lograrlo, usa un armazón que sostiene las plantas, provee el riego y los nutrientes.
Detrás de eso también hay un estudio botánico para ver que variedades se adaptan mejor a esas condiciones. De manera que las plantas puedan crecer y reproducirse.
Por las fotos parece que le gusta aplicar esta técnica decorativa a todo ámbito, inclusive hasta en la moda. Según la nota, armó un vestido 'Robe Végétale' para Jean-Paul Gaultier.
En mi casa solía haber una enamorada del muro, que hacía todo eso naturalmente y gratis. Bueno, sin el toque exótico, las diferentes tonalidades y sin la flexibilidad de tenerla en interiores.

La toma es de Grébert, y no se ve en la foto, pero de fondo está la Torre Eiffel. La busqué en flickr, con licencia que permite su uso via atribución.
Siguiendo el enlace, le hacen una entrevista donde explica como se hace en detalle, cuales son las plantas y cuenta sobre sus experiencias como explorador.
¿Serían así los jardines colgantes de Babilonia?
**Y en otras ciudades del mundo también.
Pero ahora me refiero a los de París**.
El francés Patrick Blanc se dedica a decorar las paredes con una manta de plantas vertical. Para lograrlo, usa un armazón que sostiene las plantas, provee el riego y los nutrientes.
Detrás de eso también hay un estudio botánico para ver que variedades se adaptan mejor a esas condiciones. De manera que las plantas puedan crecer y reproducirse.
Por las fotos parece que le gusta aplicar esta técnica decorativa a todo ámbito, inclusive hasta en la moda. Según la nota, armó un vestido 'Robe Végétale' para Jean-Paul Gaultier.
En mi casa solía haber una enamorada del muro, que hacía todo eso naturalmente y gratis. Bueno, sin el toque exótico, las diferentes tonalidades y sin la flexibilidad de tenerla en interiores.

La toma es de Grébert, y no se ve en la foto, pero de fondo está la Torre Eiffel. La busqué en flickr, con licencia que permite su uso via atribución.
Siguiendo el enlace, le hacen una entrevista donde explica como se hace en detalle, cuales son las plantas y cuenta sobre sus experiencias como explorador.
¿Serían así los jardines colgantes de Babilonia?
**Y en otras ciudades del mundo también.
París: un recorrido diferente
Una página dedicada exclusivamente a París, tiene en cuenta muchísimos detalles y hallazgos interesantes. Es raro encontrar algo así en español. Me gustó la parte donde cuenta más sobre la historia del "Cimintière des Innocents".
Paris Syndrome
La ciudad de los sueños. Un pequeño número de turistas japoneses tienen una expectativa tan grande de París, que llegan a necesitar tratamiento psicológico al confrotar la realidad en su viaje.

Algunos casos extremos -según la nota- incluyen un tipo que se creía Luis XIV, una mujer que creía estar en un gran hermano para hacerle creer que eso era París.
Lo que debe ser París en la imaginación de esa gente. Igualmente, las razones son válidas, hablan de la poca amabilidad de los locales y las calles venidas abajo.
La noticia en francés, inglés.

Algunos casos extremos -según la nota- incluyen un tipo que se creía Luis XIV, una mujer que creía estar en un gran hermano para hacerle creer que eso era París.
Lo que debe ser París en la imaginación de esa gente. Igualmente, las razones son válidas, hablan de la poca amabilidad de los locales y las calles venidas abajo.
La noticia en francés, inglés.
Comparando
Después de lo último que escribí, me puse a pensar en la comparación que hice cuando ví por primera vez París y me acordé de otras coincidencias, para que tenga más sentido armé esta tabla:
Imposible contra la Torre Eiffel, quizá ¿el Obelisco?, ¿o la Torre Interama, del Parque de la Ciudad? Y también La Défense, Microcentro.
| Cuestión | París | Buenos Aires |
|---|---|---|
| Clima | Húmedo | Húmedo (sub-tropical) |
| Tipo de gobierno | República | República |
| Tren subterráneo | Metro | Subte |
| Mapas al estilo Google | Géoportail | Mapa Interactivo |
| Ciencia | La Gèode | El Planetario |
| Proyectos de ciudad wifi | Planes | Indicios |
| Río típico | Río Sena | Río de la Plata |
| Un café | Café de Flore | Café Tortoni |
| Un teatro | Palais Garnier | Teatro Colón |
| Una plaza | Place de la Concorde | Plaza de Mayo |
| Un museo | Louvre | Bellas Artes |
| Aquitectura Eiffel | Torre Eiffel | Antiguo Solar de Vicente López y Planes (hoy Club Museum) |
Imposible contra la Torre Eiffel, quizá ¿el Obelisco?, ¿o la Torre Interama, del Parque de la Ciudad? Y también La Défense, Microcentro.
Paris Ville Numérique
Cafés y restaurants -inclusive algunos que visité- ya ofrecían conexión a internet inalámbrica (Wi-Fi) libre para sus afortunados clientes hace un par de años.
Ahora, quizá por la emoción de estar cerca de la copa, el gobernador (Maire) de París anunció la consideración de un plan para ofrecer acceso a internet a nivel ciudad directamente.
Técnicamente sería una red de 400 puntos de acceso distribuídos por toda la ciudad.
Pero no es sólo eso, lo más importante es que también propone conectar con fibra óptica el 80% de los inmuebles al mejor estilo Japón, para transformar París en una ciudad realmente digital.
Hay muchas ciudades que tienen la misma propuesta dando vuelta (Wi-Fi para todos), inclusive en Buenos Aires se anunció algo parecido -me comentaron- pero no encuentro ninguna referencia. Habrá que esperar y ver que pasa.
Ahora, quizá por la emoción de estar cerca de la copa, el gobernador (Maire) de París anunció la consideración de un plan para ofrecer acceso a internet a nivel ciudad directamente.
Técnicamente sería una red de 400 puntos de acceso distribuídos por toda la ciudad.
Pero no es sólo eso, lo más importante es que también propone conectar con fibra óptica el 80% de los inmuebles al mejor estilo Japón, para transformar París en una ciudad realmente digital.
Hay muchas ciudades que tienen la misma propuesta dando vuelta (Wi-Fi para todos), inclusive en Buenos Aires se anunció algo parecido -me comentaron- pero no encuentro ninguna referencia. Habrá que esperar y ver que pasa.
Buenos Aires Visite
Como el París Visite, pero gratis y en Buenos Aires: un día en el que los servicios de transporte "publico" (son empresas privadas) permitían libre acceso. Daba la oportunidad de conocer Buenos Aires usando el Subte de un lado a otro, igualmente el día podría haber estado aún más soleado, pero por la época del año creo que era suficiente. Lo aproveché muy poco porque salí recién a la tardecita.
Elegí ir a ver el tranvía, el último tranvía viviente en Buenos Aires, fué rescatado por una asociación sin fines de lucro que lo mantiene operativo. Antes lo usaban como habitación en un convento. El destino de muchos vagones de tranvía fue donaciones a instituciones educativas y religiosas, algunos terminaban siendo aulas otros capillas. El viaje estuvo interesante, hubiese estado lindo haber dejado los tranvías pululando por la ciudad, habría menos smog. Me pregunto cual es la diferencia entre tranvía y premetro.
Los otros destinos eran el Jardín Japonés y luego El Rosedal, para cuando llegué al primero ya era de noche, así de rapido se terminó el Buenos Aires Visite. Quedó sólo el cine para cerrar el día.
Elegí ir a ver el tranvía, el último tranvía viviente en Buenos Aires, fué rescatado por una asociación sin fines de lucro que lo mantiene operativo. Antes lo usaban como habitación en un convento. El destino de muchos vagones de tranvía fue donaciones a instituciones educativas y religiosas, algunos terminaban siendo aulas otros capillas. El viaje estuvo interesante, hubiese estado lindo haber dejado los tranvías pululando por la ciudad, habría menos smog. Me pregunto cual es la diferencia entre tranvía y premetro.Los otros destinos eran el Jardín Japonés y luego El Rosedal, para cuando llegué al primero ya era de noche, así de rapido se terminó el Buenos Aires Visite. Quedó sólo el cine para cerrar el día.
New York, New York
La Estatua de la Libertad.Siguiendo con la línea de películas, este fué uno de los escenarios de Frenético (con Harrison Ford), que la ví hace muy poco; justo después de haber estado en París. ¡Cómo me hizo acordar esa película!
Es en la Île des Cygnes, está en el medio de un puente (Pont de Grenelle) que atraviesa el Sena. Es una réplica dedicada a la ciudad, tendrá diez metros de alto.
La original -de 49 metros- es obra del escultor Frederic Auguste Bartholdi y la estructura que la sostiene fue diseñada por Gustave Eiffel. Hubiese necesitado una lente especial para sacar esta foto.
Ascención nocturna a la Tour Eiffel
Si se puede, hay que hacerlo: subir a la torre de noche y de día. La noche que fuimos estaba nublado, lo había estado todo el día; dándole una sensación melancólica de falta de color a las vistas de la ciudad.
Por el clima uno supondría que no se vería nada, pero la niebla no era alta, ni densa, y de hecho, le daba un efecto atmosférico a la vista desde arriba. Ya en los primeros pisos se percibía, la neblina rodeaba los pilares de la torre hacíéndola disiparse en la nada. Desde abajo parecía seguir por encima de las nubes.
La ascención fué completamente en elevador; desde la base el segundo piso y luego del segundo hasta el último en otro ascensor. No es para nada vertiginoso: no hace ruidos curiosos, no tambalea, es un viaje tranquilo y suave. Se siente un poco en los oídos la subida.
Arriba la vista es como desde un avión (aunque mucho más amplia), las luces suben en degradé sobre las fachadas, las cuadras/manzanas parecen bancos de oscuridad rodeados. Se pueden ver los monumentos y sitios turísticos iluminados, el Arco del Triunfo, el Louvre, la catedral de Notre-Dame y demás. El alumbrado público se percibe como las luces de un arbolito de Navidad.
También noté algo interesante en la gente, en general, parecía extasiada; la mayoría sonreían, reían, subir les había dado felicidad, satisfacción.
La torre Eiffel tiene 324 metros de alto con la antena incluída, por el número no parece tanto, pero desde arriba se nota más. Aunque tampoco vibraba -quizá el viento no era suficiente- se sentía estable, en otras torres que visité es fácil sentir balanceo con el viento.
Luego el descenso, abajo me hubiese gustado otro chocolate con un crepe pero ya estaba todo cerrado.
Por el clima uno supondría que no se vería nada, pero la niebla no era alta, ni densa, y de hecho, le daba un efecto atmosférico a la vista desde arriba. Ya en los primeros pisos se percibía, la neblina rodeaba los pilares de la torre hacíéndola disiparse en la nada. Desde abajo parecía seguir por encima de las nubes.
La ascención fué completamente en elevador; desde la base el segundo piso y luego del segundo hasta el último en otro ascensor. No es para nada vertiginoso: no hace ruidos curiosos, no tambalea, es un viaje tranquilo y suave. Se siente un poco en los oídos la subida.
Arriba la vista es como desde un avión (aunque mucho más amplia), las luces suben en degradé sobre las fachadas, las cuadras/manzanas parecen bancos de oscuridad rodeados. Se pueden ver los monumentos y sitios turísticos iluminados, el Arco del Triunfo, el Louvre, la catedral de Notre-Dame y demás. El alumbrado público se percibe como las luces de un arbolito de Navidad.
También noté algo interesante en la gente, en general, parecía extasiada; la mayoría sonreían, reían, subir les había dado felicidad, satisfacción.
La torre Eiffel tiene 324 metros de alto con la antena incluída, por el número no parece tanto, pero desde arriba se nota más. Aunque tampoco vibraba -quizá el viento no era suficiente- se sentía estable, en otras torres que visité es fácil sentir balanceo con el viento.
Luego el descenso, abajo me hubiese gustado otro chocolate con un crepe pero ya estaba todo cerrado.
El perfume en Paris
El libro "El perfume" ("Das Parfum", "Perfume") de Patrick Süskind nos cuenta la historia de un personaje único: Jean-Baptiste Grenouille, que nacío en París, en un mercado situado donde antes hubo un cementerio -no voy a entrar en más detalles- es muy interesante y me atrapó al leerlo. Por eso, quise encontrar el lugar.
Después de revisar el libro en inglés (cortesía de Amazon) encontré los detalles que me faltaban, el mercado estaba ubicado en lo que hoy es la "Fontaine des Innocents", situada muy cerca del "Forum des Halles" o la Catedral St-Eustache. Antes se llamaba "Cimintière des Innocents", y era obviamente un cementerio; en el libro dice que está ubicado "entre la rue de la Ferronnerie y la rue aux Fers", la "rue aux Fers" no aparece en el mapa, porque hoy se llama "rue Berger" (me enteraría después).
La fuente tiene su encanto e historia también. Al verla quedé satisfecho de haber encontrado ese lugar al fin.
El cementerio fué migrado a las catacumbas de Montmartre (como dice en el libro) -que hoy también existen- y ese era el lugar que yo creía que buscaba. Igualmente, el más grande de París es "Le cimetère du Père-Lachaise", varios famosos tienen su morada postuma ahí (Molière por ejemplo).
Después de revisar el libro en inglés (cortesía de Amazon) encontré los detalles que me faltaban, el mercado estaba ubicado en lo que hoy es la "Fontaine des Innocents", situada muy cerca del "Forum des Halles" o la Catedral St-Eustache. Antes se llamaba "Cimintière des Innocents", y era obviamente un cementerio; en el libro dice que está ubicado "entre la rue de la Ferronnerie y la rue aux Fers", la "rue aux Fers" no aparece en el mapa, porque hoy se llama "rue Berger" (me enteraría después).
La fuente tiene su encanto e historia también. Al verla quedé satisfecho de haber encontrado ese lugar al fin.
El cementerio fué migrado a las catacumbas de Montmartre (como dice en el libro) -que hoy también existen- y ese era el lugar que yo creía que buscaba. Igualmente, el más grande de París es "Le cimetère du Père-Lachaise", varios famosos tienen su morada postuma ahí (Molière por ejemplo).
Paris visite
Compré una tarjeta "Paris visite" que permite libre acceso a la red transportes en París. Para aprovecharla recorrí todos los lugares a los que nunca fuí porque era demasiado lejos.
El primer destino fue Versalles, obviamente, donde está el Palacio de Versalles. Practicamente fue la elección de este destino lo que me llevó a adquirir el pase libre. El tren a Versalles es un tren sin aire acondicionado, por lo cual, hubo que elegir un buen lugar para sentarse y para poder ver, aunque parte del viaje se hace por un tunel cerrado. Por el precio, pensé que era más lejos (o el tren era muy rápido).
Versalles es un lugar bastante más frío que París centro, no hay edificios altos y el más prominente es el del palacio. Desde la estación de tren es una caminata de cinco minutos.Cuando ví el precio de la entrada me sentí un poco frustrado. Veinte euros para tener libre acceso a las habitaciones, jardines y demás.
Gran parte del palacio está bajo una intensa restauración. Decidí recorrerlo por fuera primero. Impresionante lo vasto y lo prolijo del diseño de los jardines, las fachadas y decorados. Imposible de recorrer por completo a pie, sugerían alquilar el autito (tipo los de campo de golf) por 28 euros la hora o ir en un trencito (ambos merecen los diminutivos)... Opté por recorrer lo que más me llame la atención, hubiese estado mejor con una bici (vélo), pero el alquiler estaba a la mitad del recorrido. En un lago saqué la típica foto de los botes.
Algunas las fuentes estaban congeladas (?) en la mañana, muchos que pasaban se divertían tirando piedras, estas podían romper el cristal helado o patinar indefinidamente. Lo inmenso del palacio -ya que son varios sitios- me hizo pensar lo complicado de mantener y lo que debe haber costado en el pasado; las arboledas y jardines están recortadas meticulosamente; la pintura de todos los enrejados está reluciente. Definitivamengte, digno de un rey.
Hay una parte de la fachada que parece haber sido interrumpida abrubtamente, me extrañó bastante porque el resto está acabado perfectamente, ¿habrá sido un ligero desliz?.
Buscando a donde ir después y viendo el mapa encontré "Ranelagh" y "Argentine".
De vuelta en París se volvía a percibir esa escencia impecable y apasionante, pasear por París es instantáneamente un placer.
El siguiente destino fué cruzar el Sena (Seine) en metro (Metropolitain). El puente está al aire libre, así que hay unos segundos de paisaje para ver. Es raro, las vías del subte son anchas como una rueda de auto común, los vagones, de hecho, parecen tener ruedas normales. En esa línea en especial había olor a madera quemada. Para que se entienda más, la vía es plana, no es como la de un tren, es ancha y plana, supongo que un auto podría montarse sobre esa vía sin ser modificado.
Después de algunas combinaciones entre líneas terminamos en La Defènse, para ver "La Grande Arche", un edificio enorme con forma de portal alineado con el Arco del Triunfo y la pirámide de la "Place de la Concorde". No subí porque el ascensor costaba seis euros y me pareció abusivo. En La Defènse se concentran todos los grandes rascacielos vanguardistas.
Un almuerzo y seguimos para el Arco del Triunfo que veíamos a lo lejos. La última vez que lo vi estaban reconstruyéndolo pero hoy estaba terminado y sin andamios, resaltaba en el horizonte. Pasé por debajo; atravesarlo completo -a la Napoleón- no está permitido, subirlo sí pero vale ocho euros... así que en definitiva: tampoco se puede hacer.
Moulin Rouge seguía en la lista, el intrigante cabaret del can can. Me esperaba que de afuera fuese más interesante pero obviamente el show debe estar adentro -al menos el molino gira-. El barrio en el que se encuentra (estación Pigalle) es una zona roja light, llena de sex shops, porno shops, cines, cabarets y bares. Es curioso porque a dos estaciones está "Sacre Coeur" o "Sagrado Corazón", una iglesia que puede ser vista claramente desde cualquier lugar relativamente alto de parís. Ahí nos dirigimos.
La estación Anvers, te deja a unas cuadras del funicular que sube a Sacre Coeur. Esta zona estaba terriblemente llena de gente, jóvenes que de golpe se abrieron para dejar pasar un onmibus con algún/a famoso al que gritaron apasionadamente. Elysee Montmartre se llamaba el local que rodeaban. El tramo en funicular es corto y cuesta lo mismo que el metro, por suerte llevaba mi tarjeta comodín. Entré en la iglesia y se escuchaban (y veían) monjas cantando. Saqué unas fotos y salí para contemplar el paisaje, el lugar está en una superficie elevada que hace de mirador natural.
Cuando pensé que se terminaba, recorrí el mapa y encontraba más lugares para ir. Uno al que realmente le debía una visita era la "Ciudad de la Ciencias". La estación estaba desolada (tipo Quisiera ser grande cuando buscan la máquina de Zoltar). La Ciudad de las Ciencias es tambíen un centro de exposiciones y un cine tipo el Planetario de Buenos Aires. En el centro de exposiciones está la "Star Wars Expo", si decís que vas a "La Gèode" te dejan entrar gratis (?), saqué unas fotos. Se pueden escuchar una melodía con R2D2 y conseguir las monedas oficiales de la "Casa de la Moneda" para la expo, una moneda tiene a Darth Vader y la otra a Yoda; no me quedaban monedas... para meter en la máquina.
Lo que seguía era de lo mejor que vería hasta ahora. Una esfera metálica pulida gigante, montada sobre reflectores y rodeada por fuentes. El silencio de la noche rompía por melodía eletrónica (onda tema de Cosmos) y el reflejo del cielo despejado, la luna y estrellas sobre esfera.
La noche se volvía fría y terminé en La Bastilla, poco podría sorprenderme después de La Gèode, menos lo haría un pilar con una escultura dorada encima, saqué unas fotos y huí. Ese fué el fin del viaje, al cupón le quedaban unas horas; en la vuelta ví como algunos locales luchaban con los molinetes para colarse.
El primer destino fue Versalles, obviamente, donde está el Palacio de Versalles. Practicamente fue la elección de este destino lo que me llevó a adquirir el pase libre. El tren a Versalles es un tren sin aire acondicionado, por lo cual, hubo que elegir un buen lugar para sentarse y para poder ver, aunque parte del viaje se hace por un tunel cerrado. Por el precio, pensé que era más lejos (o el tren era muy rápido).Versalles es un lugar bastante más frío que París centro, no hay edificios altos y el más prominente es el del palacio. Desde la estación de tren es una caminata de cinco minutos.Cuando ví el precio de la entrada me sentí un poco frustrado. Veinte euros para tener libre acceso a las habitaciones, jardines y demás.
Gran parte del palacio está bajo una intensa restauración. Decidí recorrerlo por fuera primero. Impresionante lo vasto y lo prolijo del diseño de los jardines, las fachadas y decorados. Imposible de recorrer por completo a pie, sugerían alquilar el autito (tipo los de campo de golf) por 28 euros la hora o ir en un trencito (ambos merecen los diminutivos)... Opté por recorrer lo que más me llame la atención, hubiese estado mejor con una bici (vélo), pero el alquiler estaba a la mitad del recorrido. En un lago saqué la típica foto de los botes.
Algunas las fuentes estaban congeladas (?) en la mañana, muchos que pasaban se divertían tirando piedras, estas podían romper el cristal helado o patinar indefinidamente. Lo inmenso del palacio -ya que son varios sitios- me hizo pensar lo complicado de mantener y lo que debe haber costado en el pasado; las arboledas y jardines están recortadas meticulosamente; la pintura de todos los enrejados está reluciente. Definitivamengte, digno de un rey.Hay una parte de la fachada que parece haber sido interrumpida abrubtamente, me extrañó bastante porque el resto está acabado perfectamente, ¿habrá sido un ligero desliz?.
Buscando a donde ir después y viendo el mapa encontré "Ranelagh" y "Argentine".
De vuelta en París se volvía a percibir esa escencia impecable y apasionante, pasear por París es instantáneamente un placer.
El siguiente destino fué cruzar el Sena (Seine) en metro (Metropolitain). El puente está al aire libre, así que hay unos segundos de paisaje para ver. Es raro, las vías del subte son anchas como una rueda de auto común, los vagones, de hecho, parecen tener ruedas normales. En esa línea en especial había olor a madera quemada. Para que se entienda más, la vía es plana, no es como la de un tren, es ancha y plana, supongo que un auto podría montarse sobre esa vía sin ser modificado.Después de algunas combinaciones entre líneas terminamos en La Defènse, para ver "La Grande Arche", un edificio enorme con forma de portal alineado con el Arco del Triunfo y la pirámide de la "Place de la Concorde". No subí porque el ascensor costaba seis euros y me pareció abusivo. En La Defènse se concentran todos los grandes rascacielos vanguardistas.
Un almuerzo y seguimos para el Arco del Triunfo que veíamos a lo lejos. La última vez que lo vi estaban reconstruyéndolo pero hoy estaba terminado y sin andamios, resaltaba en el horizonte. Pasé por debajo; atravesarlo completo -a la Napoleón- no está permitido, subirlo sí pero vale ocho euros... así que en definitiva: tampoco se puede hacer.Moulin Rouge seguía en la lista, el intrigante cabaret del can can. Me esperaba que de afuera fuese más interesante pero obviamente el show debe estar adentro -al menos el molino gira-. El barrio en el que se encuentra (estación Pigalle) es una zona roja light, llena de sex shops, porno shops, cines, cabarets y bares. Es curioso porque a dos estaciones está "Sacre Coeur" o "Sagrado Corazón", una iglesia que puede ser vista claramente desde cualquier lugar relativamente alto de parís. Ahí nos dirigimos.
La estación Anvers, te deja a unas cuadras del funicular que sube a Sacre Coeur. Esta zona estaba terriblemente llena de gente, jóvenes que de golpe se abrieron para dejar pasar un onmibus con algún/a famoso al que gritaron apasionadamente. Elysee Montmartre se llamaba el local que rodeaban. El tramo en funicular es corto y cuesta lo mismo que el metro, por suerte llevaba mi tarjeta comodín. Entré en la iglesia y se escuchaban (y veían) monjas cantando. Saqué unas fotos y salí para contemplar el paisaje, el lugar está en una superficie elevada que hace de mirador natural.
Cuando pensé que se terminaba, recorrí el mapa y encontraba más lugares para ir. Uno al que realmente le debía una visita era la "Ciudad de la Ciencias". La estación estaba desolada (tipo Quisiera ser grande cuando buscan la máquina de Zoltar). La Ciudad de las Ciencias es tambíen un centro de exposiciones y un cine tipo el Planetario de Buenos Aires. En el centro de exposiciones está la "Star Wars Expo", si decís que vas a "La Gèode" te dejan entrar gratis (?), saqué unas fotos. Se pueden escuchar una melodía con R2D2 y conseguir las monedas oficiales de la "Casa de la Moneda" para la expo, una moneda tiene a Darth Vader y la otra a Yoda; no me quedaban monedas... para meter en la máquina.
Lo que seguía era de lo mejor que vería hasta ahora. Una esfera metálica pulida gigante, montada sobre reflectores y rodeada por fuentes. El silencio de la noche rompía por melodía eletrónica (onda tema de Cosmos) y el reflejo del cielo despejado, la luna y estrellas sobre esfera.La noche se volvía fría y terminé en La Bastilla, poco podría sorprenderme después de La Gèode, menos lo haría un pilar con una escultura dorada encima, saqué unas fotos y huí. Ese fué el fin del viaje, al cupón le quedaban unas horas; en la vuelta ví como algunos locales luchaban con los molinetes para colarse.
Las escaleras de Notre-Dame
Volví a esta catedral famosa y seguí los pasos del jorobado hasta los campanarios e inclusive encima de ellos; como siempre intervino el vértigo. Es una vista excepcional y vale la pena subir esos cientos de escalones espiralados. Son tres etapas.La primera vista vertiginosa se mezclaba con la piedra esculpida, en la "Galería de las quimeras", saqué la foto típica de París desde Notre-Dame, el "grotesque" contemplando el paisaje parisino.
Más arriba, en el interior del campanario es enteramente de madera, mientras yo luchaba con el miedo, veía a los chicos subir y bajar por todos lados; me causo gracia un cartel de "absolutamente prohibido fumar", la estructura parecía tan inflamable como el aliento de un borracho en su apogeo. Las campanas son enormes: un poco más altas que una persona.Por último, en la cima, el miedo se enfrentaba al frío; noté el pararayos y el mismo sistema de tira de cobre (?) que lleva la corriente a una descarga "segura", similar a la Iglesia del Duomo en Florencia (Italia), aunque en mejores condiciones. Vale la pena mencionar que en París casi todo está en muy buenas condiciones. Se baja de la misma manera que se sube, por las escaleras hasta marearse. Los peldaños son muy chicos y la escalera caracol marea.
Abajo, en la nave central de la catedral, se estaba celebrando una misa. Una pareja cantaba los salmos dándole más dramatismo al ambiente imponente del interior.
Mandarinas
Las mandarinas se llaman "clementinen" (?) acá (en París, Francia). Me compré una bolsa y están bárbaras; igualmente, éstas son de España. En las verdulerías, se pueden encontrar tres tipos de manzanas [rojas, verdes y doradas (?)], también es popular el mango y unas frutas que todavía no me fijé lo que son.
Ascención a la Torre Eiffel
Después de ver la torre desde abajo, surgieron las ganas de verla desde adentro, desde arriba.Para subir a la torre hay cuatro pilares, cada uno tiene elevadores. Aparte de los elevadores hay escaleras. La mala noticia es que los ascensores cuestan mucho más que las escaleras. La buena noticia es que las escaleras sólo llegan al segundo piso de la torre, a la cima se sube sólo por un último tramo en ascensor y la combinación escalera ascensor termina costando la mitad que ascensor completo. Yo pensaba que la torre Petrin en Praga era "poco seria" por tener escaleras solamente.
Vértigo intenso de por medio, (la torre es hueca y el viento se siente casi por completo) llegué hasta la primer planta. Desde ahí se puede ver entre los pilares, la superficie debajo de la torre, el miedo a las alturas atacaba con todo pero al menos la torre permanece muy firme en la primer planta; casi no podía mirar para abajo. Se capta la inmensidad de la torre en su sombra.
El terror aumentó subiendo a la segunda planta, por ahí leí 680 en el número de escalón (es el último que me acuerdo, debe haber más) -están numerados de 10 en 10- y es lo más alto a lo que se llega por la escalera. Tampoco se siente la vibración de la torre, pero aquí me aterrorizé con la explicación de que en la cima, la punta de la torre se dezplaza hasta 10 cm. del eje ideal. De ahí se sube a la cima.La vista es todo París, nada se interpone.
Paris de noche
Pasé por el Grand Palais y por suerte el Petit Palais estaba arreglado, terminado de restaurar. La vez pasada estaba totalmente oculto por andamios y vallas. Tiene un esplendor digno de un palacio, no se queda atrás con lo de "petit".
Le piquet
Sea Madrid-París ó París-Madrid, éste es un itinerario que siempre me resulta complicado. En esta oportunidad, no fué por mi incompetencia, no señor: fue por una huelga de transporte en París -los parisinos se toman las huelgas en serio parece- todavía ignoro el motivo, la cuestión es que cuando corría por la terminal para llegar al embarque, ojeaba los monitores pero no miraba información sobre mi vuelo (de Easyjet), cuando lo hice -leí "CANCELADO"- sonreí e intenté (pero no pude) imaginar la serie de complicaciones que se avecinaban. Aqui vamos de nuevo, varado como la vez pasada.Cuando llegué al mostrador, pude ver la cola de gente, sabiendo que la vida de muchas personas se complicaba igual que la mía, sentí una especie de alivio. La cola era para ver si te hacían un reembolso del viaje o te pasaban el vuelo para el otro día; o para dentro de muchos días.
No sabía que hacer: si devolverlo, si pasarlo, ¿dónde dormiría?, ¿qué pasaba con la reserva en parís?, enigmas de la vez pasada, la misma desesperación. Una chica -posiblemente argentina- me dejó abierta una consola con acceso a internet, gratis, así averigué inicialmente lo que podía hacer.
Las opciones eran:
1. Tren hotel de noche, llega a la mañana del otro día. A 130 euros.
2. Vuelo al otro día por nuestra querída Aerolíneas Argentinas, que tenía el mostrador al lado. A 140 euros.
3. Vuelo por vueling.com, una empresa de la que me enteré que existía por la propaganda en el subte (metro). A 120 euros.
4. Quedarse en la terminal hasta el sábado (3 dias) durmiendo...
Quería estar seguro de que la huelga de transporte hubiese pasado, terminé gastando como diez euros entre internet y teléfono para estarlo. Decidí ir en avión por vueling: tenía "miedo" de perder la reserva del hotel si llegaba al otro día. Aparte parecía la opcion más barata. Si compraba por internet me salía 14 euros menos. Así que hice eso, gasté mis últimas monedas para hacer la orden por internet. Ya estaba usando un segundo monedero para hacerlo.
La javascript de la muerte.
Usando la "amistosa" consola de telefónica (hay de esas por todo Barajas) para acceder a internet, llegué hasta el último paso, con el cual compraría los pasajes (de avión por vueling). Ahí me enteré que una javascript apropiada me limitaría el "finalizar"... voy a evitar el "rant" sobre el tema de javascript, formularios y navegación rota. Así de simple, mis moneditas inutilizadas y el pedido por internet paralizado, para siempre.
Usé el viejo e infalible teléfono y así perdí otros euros más en línea de espera. Un céntimo de euro por segundo: unos minutos de espera... Antes de completar la compra, la vendedora (muy amable) me recordó que tenía 30 minutos para llegar a la facturación de esos pasajes recién comprados y esa facturación, quedaba en la T4, la nueva terminal glamorosa del aeropuerto de Barajas, famosa por sus retrasos y complicaciones de acceso. Esto estaba siendo demasiado emocionante.
Corrí desesperadamente desde la T1 a la T2, de donde sale un bus gratuito que conecta con la T4, ese bus funcionó perfecto y en menos de 10 minutos ya estaba dentro de la terminal, la facturación era la primera que se veía. En este momento estaba tan agitado que tosía de nervios. Pero lo había logrado: facturé el equipaje. Pude apreciar los detalles arquitectónicos de la nueva terminal, es linda, simple y luminosa. Tiene un servicio de wi-fi pero no puede accederlo, debe ser pago.Arriba del avión, ya sentía tranquilidad. Llegó a París, a Charles de Gaulle; el viaje original era hasta el otro aeropuerto, por lo tanto, cualquier reserva de transporte al hotel hubiese sido inútil. Al lado del avión estaba estacionado el de Easyjet. Sentí un ápice de bronca, pero estaba maquinando mi recorrido al hotel. Tomé el Roissybus, un colectivo (cuesta 10 euros) hasta el centro de París (Opera) y como mi suerte sonreía, este bus sólo dejó de funcionar para suspender el viaje a 4 o 5 cuadras del destino final, así que caminé lo que faltaba, bajo la lluvia, con los equipajes y con una sonrisa demencial. Después de vagar hasta encontrar un metro, querer comprar billetes sin monedas que nadie me vendería, saqué la visa como un comodín y obtuve el ticket, estaba cerca.
Entré en el hotel, pagué lo que faltaba y ahora estoy escribiendo esto. Al principio pensé que el hotel tendría internet, pero el tipo del mostrador dijo que no. O sea, lo que dice en hostelworld.com es simplemente una mentira (inclusive está mal la dirección). Estoy parasitando la conexión de algún alma caritativa parisina para decir esto, gracias extraña/o.
Notas al margen
El paro llegaba hasta los trenes con lo cual, concluyo que los parisinos saben como coordinar un paro.
Nunca más llevo tanto equipaje. Regla: es preferible que falte y no que sobre.
Si hubiese tenido mi teléfono móvil, todo esto hubiese sido simple y económico, pero mi SIM está muerto y Movistar no me lo cambia porque: "no tienen tarjetas" (?).
¿Por qué Easyjet no retardó el vuelo, en lugar de cancelarlo y dejar todo el pasaje en banda?
El avión de vueling iba con plazas disponibles...
En medio del vuelo no sirvieron nada, como en Easyjet, pero nos ofrecieron un caramelo.
Aparte una duda de la vida: ¿Qué diablos quiere decir "chachi" en Español?
Aquitaine, Bayonne y Biarritz
La idea fué ir hasta Frantzia (Francia en euskara), la frontera estaba muy cerca y aprovechar la oportunidad parecía lo más sensato.Tomamos una autopista del País Vasco español al Pays Basque francés, en la Región de Aquitaine. El control de frontera no requirió ni siquiera la detención del auto.
Biarritz era el destino. La elección estuvo a cargo de nuestro chofer 'El Cuco', que hasta ahora no he mencinonado, ha exigido su fragmento de fama en eurotrip. Créditos hacia él, por llevarnos ida y vuelta intactos -incluído él mismo- manejando hasta mientras otros dormían (en su cara). No claudicó ante el cansancio.
A cien metros de la frontera ya me sentía en otro país, aunque todo lucía similar. La señalización se tornó bilingüe, en francés e inglés. Las imágenes eran el manto verde intenso que cubría las montañas, arboledas y casas de campo. No estaba lejos de Biarritz, saltearse la salida de la autopista fué inevitable. Visitaría un destino extra, Bayonne.
Bayonne es una ciudad alrededor de un río, parecía ser un lugar muy tranquilo, pero el hecho es que los domingos hacen que todo sea tranquilo. Un lugar húmedo, tanto que el centro, la catedral, mostraba los cimientos llenos de verdín.Aprovechamos para desayunar un chocolate, no fué el mismo chocolate espeso español, era instantáneo; en el mismo lugar vendían el atado de cigarrillos a 5 euros (económico). En las calles hay cajas expendedoras de bolsas, son para las heces de la mascota.
Las calles estaban poblándose de a poco. De la pattiserie se llevaban baguettes de a cuatro, bajo el brazo. Compre unas facturan riquísimas.
Biarritz, al fin.
Los alrededores eran típicos de la costa. Pero el centro en la playa era lo mejor. La imagen de los edificios antiguos sobre la arena, es casi de película. Con todo, el mar, el cielo, las nubes, caracoles, el faro, la niebla alrededor del faro. La gente caminando y disfrutando.La rambla llena de árboles, algunos se conectaban entre sí por las ramas, abrazándose. Ya lo había visto antes, por casa.
No sólo hay arena en la playa, la roca esta erosionada y expuesta, cubierta por musgos y formando charcos de agua de mar. Algunas piedras forman islas pequeñas. Cada una tiene un nombre particular, los ví en un mapa. El lugar es increíble.
Escape de París
Era domingo a la mañana, yo todavía dormido, tenía pensado pasar la tarde en Madrid; estaba en París en la habitación del hotel. De repente sonó mi despertador de emergencia, no sé si era la primera, segunda o tercer vez que tocaba. Le había pedido al tipo que atendía en el mostrador que -por favor- me levantara a toda costa, porque claro, hacía un día que no dormía y no creía despertarme por mí mismo. No lo hizo.
La receta de como perder un vuelo: no ser despertado a la hora correspondiente (las 8hs); despertarse tarde y querer darse los 20 minutos de gracia sobre la almohada; levantarse y desde la cama mirar un poco de tele para ver como son los canales en otro país; engancharse 20 minutos con algún programa; ducharse rápido para estar fresquito -estaba más lindo el día-; preparar las cosas y no saber a donde ir; encontrar de pedo (de pura suerte) la estación de tren y tener más suerte de que esté cerquísima; caminar unas cuadras mirando alrededor; tomar el tren, bajarse a la mitad por haberse equivocado, volver atrás con otro tren y retomar el correcto; llegar a la terminal de trenes del aeropuerto, tomar un bus de unos 30 minutos hasta el mostrador de información de la terminal y escuchar del empleado 'Usted ya perdió su vuelo hace 45 minutos'. Gracias... Sí, seguí esta lista al pie de la letra y obtuve el tremendo resultado.
Pero si el avión estaba ahí, por qué no lo puedo tomar? porque ya paso el tiempo de embarque. En la cola de información conocí a una pareja de Madrileños cuyo paradero era el mío. Habían llegado un poco más temprano pero preembarque ya estaba cerrado (claro, porque estaban en embarque, no se desperdicia personal y mas cuando es alquilado). No manejaban bien el inglés y nada de francés -me pregunté como sobrevivieron en París, luego les pregunté- fuimos a lo que sería la atención para pasajeros y nos dijeron -en castellano- que no habría vuelo de la empresa hasta mañana y que de todos modos, estaba completo.
Pensé en el árbol de soluciones, había varias opciones: esperar varios días al próximo vuelo; comprar otro pasaje de avión que esté próximo a salir; volver en algún otro medio de transporte -auto alquilado y manejado alguno de los Madrileños que seguro tendrían licencia habilitada (yo no)-; o volver en el tren que justo ví cuando andaba por la estacion de trenes del aeropuerto. Les dije a ellos que tenía un plan y me siguieron.
Fuimos al mostrador de Air France y le pedí a la mina que me diera el vuelo más cercano a París. Yo quería el precio, como en la verdulería, quiero saber el precio y después veo que hago. Me daba vueltas, me preguntaba cosas, me preguntó si era menor de 25 años -no analizaría esta pregunta hasta dentro de un rato, quiza crucial fueron esas palabras- y luego me diría el costo. Superior a 600 euros. Bueno no era una opción, ni para mí, ni para los Madrileños (una rama menos del árbol). Como dato curioso agregó que el vuelo ida y vuelta salía 500 euros (estamos todos locos?).
Los Madrileños parecían perdidos y les ofrecí una de mis soluciones. Me acompañaron a las oficinas de TGV, a un colectivo de distancia de donde nos encontrábamos. La que atendía era una francesita meticulosa que hablaba un inglés con acento raro (francés :). Apurándola, le pregunté qué tenía disponible para Madrid. Tenía un tren para dormir en el viaje a 122 euros, salía casi a las 20hs y llegaba a las 9hs y pico del otro día, no me convencía. Volví a consultarle por la disponibilidad de otro medio de transporte y me respondió: 'Leélo de mis labios: no hay otra manera de ir', macanuda. Los Madrileños tomaron esta opción inmediatamente y recibieron las instrucciones, porque era otra estación de la cual saldría el tren para Madrid, Austerlitz. Les dije 'chau, buena suerte' y volví en círculos mientras pensaba. Volví al mostrador y le pregunté si se podía comprar un pasaje y devolverlo (para cubrirme). Se podía pero retendrían un 20% sobre precio del ticket.
Volví para el aeropuerto, vería la posibilidad de cambiar el pasaje para luego devolverlo y de paso, ver si había alguna otra manera de ir en avión. Porque si llegaba al otro día, perdía el bus a Granada; quizá podría cambiarlo -pero no quería ponerle más dificultad a la cosa-. La que atendía fué muy amable, me dío mucha información, por lo visto Iberia también tenía vuelos, me dió los teléfonos. Volví al mostrador de Air France para preguntar, a la que me había atendido, por qué lo de los 25 años? si hubiese sido menor, el precio del vuelo era 125 euros, la diferencia abismal.
Traté de llamar a los números de Iberia que me habían dado, tenía mi celular pero estaba en modo roaming -sería caro- así que busqué un teléfono público, tampoco sabía si los números serían gratuitos en Francia, probé llamar de una. No pasaba nada. De vuelta en el mostrador, preguntando donde podía conseguir las tarjetas para llamar. Fuí al kiosko, 7 euros y tenía mi tarjeta. De vuelta en el teléfono, consulté por los vuelos salía uno en unas horas, pero desde otro aeropuerto del otro lado de París, Orly. El pasaje costaba también 600 euros... pensé en lo de los 25 años y le pregunté si había algo como aquello, había un precio para estudiantes, 124 euros. Pero tendría que certificar tal calidad, no tenía nada y había fallado en esto al intentar entrar al Louvre. Qué difícil!, de todos modos, le pedí el localizador de reserva.
El plan era ir hasta Orly y ver si conseguía el pasaje en avión. Tendría también el ticket de TGV como as bajo la manga, un as bastante caro, pero si me sobraba tiempo podría pasar por Austerlitz y devolverlo -el tipo (yo) realmente no tenía noción alguna de las distancias involucradas-.
Fui para otra terminal del aeropuerto (de nuevo en colectivo), para el mostrador de Iberia, estaba completamente vacío. Según alguien no habría actividad hasta las 17hs. De vuelta al teléfono público, le dije a la que atendió que en el aeropuerto no había nadie -yo quería saber si podia tomar el pasaje en categoría estudiante- me dijo que tenía idea; me arriesgué y compré el pasaje usando el código de reserva que obtuve en la llamada anterior. Tuve que usar la tarjeta. Para el momento tenía dos pasajes para Madrid. Había gastado 7+122+124 euros extra... Antes de irme hice una cola que duró algunas horas para ver si podía cambiar el vuelo que perdí. Fué en vano, era un vuelo perdido sin recambio. Plata y tiempo quemados. A la estación de trenes.
Compré un pasaje abierto para todo el día, para poder cambiar el pasaje de TGV, el ticket París Visite, 17 euros más. Ahora estaba con el tiempo justo, tenía que atravesar todo París para llegar a Orly, y tomar el vuelo que salía a las 17hs. Orly era lejos. Me terminé recorriendo todo París en tren. Estaba mucho más alerta en la combinaciones, tenía el tiempo justo. Un francés me explicó lo de los trenes, hay varios trenes que pasan por el mismo lugar y van a distintos lados, uno tiene que fijarse cual viene en los paneles que andan por el andén.
El tiempo no estaba de mi lado y me pareció perder uno de los trenes. Todavía faltaría un colectivo más de la terminal de trenes de Orly al aeropuerto.
Corrí el último tramo, llegué al mostrador de Iberia y directamente dije: 'perdí el vuelo de las 17hs', porque cuando uno afirma ellos tratan de negar, trató pero no pudo.
Había perdido mi vuelo de emergencia! no era mi día: me desperté tarde, me confundí de tren, perdí el vuelo, perdí un tren, perdí plata, perdí otro vuelo, perdí el día en Madrid... pero tenía mi TGV bajo la manga y las esperanzas de otro vuelo.
Esta vez la fortuna me sonrío y conseguí cambiar el vuelo a las 19hs para Madrid (a las 23hs salía el bus a Granada) me dejaba tiempo para cenar. Todavía no estaba seguro de ser admitido como estudiante, no estaría seguro hasta haber pasado el preembarque al menos. Dí unas vueltas, aproveché la tarjeta de 7 euros para llamar a casa, los créditos se evaporaron a los 50 segundos.
Consulté, por si acaso, había un mostrador o local de TGV en el aeropuerto en el que estaba. Otra vez, con suerte y contradiciendo las palabras de aquella empleada 'macanuda', había una y pude devolver mi boleto; recuperé lo de la devolución, cargado a la tarjeta.
Sólo me quedaba esperar 45 minutos e hice eso. Pasé el preembarque y ya estaba en carrera. Al fin, por una grieta, pude escaparme de París.
Au Revoir París!
(Domingo 10 octubre)
La receta de como perder un vuelo: no ser despertado a la hora correspondiente (las 8hs); despertarse tarde y querer darse los 20 minutos de gracia sobre la almohada; levantarse y desde la cama mirar un poco de tele para ver como son los canales en otro país; engancharse 20 minutos con algún programa; ducharse rápido para estar fresquito -estaba más lindo el día-; preparar las cosas y no saber a donde ir; encontrar de pedo (de pura suerte) la estación de tren y tener más suerte de que esté cerquísima; caminar unas cuadras mirando alrededor; tomar el tren, bajarse a la mitad por haberse equivocado, volver atrás con otro tren y retomar el correcto; llegar a la terminal de trenes del aeropuerto, tomar un bus de unos 30 minutos hasta el mostrador de información de la terminal y escuchar del empleado 'Usted ya perdió su vuelo hace 45 minutos'. Gracias... Sí, seguí esta lista al pie de la letra y obtuve el tremendo resultado.
Pero si el avión estaba ahí, por qué no lo puedo tomar? porque ya paso el tiempo de embarque. En la cola de información conocí a una pareja de Madrileños cuyo paradero era el mío. Habían llegado un poco más temprano pero preembarque ya estaba cerrado (claro, porque estaban en embarque, no se desperdicia personal y mas cuando es alquilado). No manejaban bien el inglés y nada de francés -me pregunté como sobrevivieron en París, luego les pregunté- fuimos a lo que sería la atención para pasajeros y nos dijeron -en castellano- que no habría vuelo de la empresa hasta mañana y que de todos modos, estaba completo.
Pensé en el árbol de soluciones, había varias opciones: esperar varios días al próximo vuelo; comprar otro pasaje de avión que esté próximo a salir; volver en algún otro medio de transporte -auto alquilado y manejado alguno de los Madrileños que seguro tendrían licencia habilitada (yo no)-; o volver en el tren que justo ví cuando andaba por la estacion de trenes del aeropuerto. Les dije a ellos que tenía un plan y me siguieron.
Fuimos al mostrador de Air France y le pedí a la mina que me diera el vuelo más cercano a París. Yo quería el precio, como en la verdulería, quiero saber el precio y después veo que hago. Me daba vueltas, me preguntaba cosas, me preguntó si era menor de 25 años -no analizaría esta pregunta hasta dentro de un rato, quiza crucial fueron esas palabras- y luego me diría el costo. Superior a 600 euros. Bueno no era una opción, ni para mí, ni para los Madrileños (una rama menos del árbol). Como dato curioso agregó que el vuelo ida y vuelta salía 500 euros (estamos todos locos?).
Los Madrileños parecían perdidos y les ofrecí una de mis soluciones. Me acompañaron a las oficinas de TGV, a un colectivo de distancia de donde nos encontrábamos. La que atendía era una francesita meticulosa que hablaba un inglés con acento raro (francés :). Apurándola, le pregunté qué tenía disponible para Madrid. Tenía un tren para dormir en el viaje a 122 euros, salía casi a las 20hs y llegaba a las 9hs y pico del otro día, no me convencía. Volví a consultarle por la disponibilidad de otro medio de transporte y me respondió: 'Leélo de mis labios: no hay otra manera de ir', macanuda. Los Madrileños tomaron esta opción inmediatamente y recibieron las instrucciones, porque era otra estación de la cual saldría el tren para Madrid, Austerlitz. Les dije 'chau, buena suerte' y volví en círculos mientras pensaba. Volví al mostrador y le pregunté si se podía comprar un pasaje y devolverlo (para cubrirme). Se podía pero retendrían un 20% sobre precio del ticket.
Volví para el aeropuerto, vería la posibilidad de cambiar el pasaje para luego devolverlo y de paso, ver si había alguna otra manera de ir en avión. Porque si llegaba al otro día, perdía el bus a Granada; quizá podría cambiarlo -pero no quería ponerle más dificultad a la cosa-. La que atendía fué muy amable, me dío mucha información, por lo visto Iberia también tenía vuelos, me dió los teléfonos. Volví al mostrador de Air France para preguntar, a la que me había atendido, por qué lo de los 25 años? si hubiese sido menor, el precio del vuelo era 125 euros, la diferencia abismal.
Traté de llamar a los números de Iberia que me habían dado, tenía mi celular pero estaba en modo roaming -sería caro- así que busqué un teléfono público, tampoco sabía si los números serían gratuitos en Francia, probé llamar de una. No pasaba nada. De vuelta en el mostrador, preguntando donde podía conseguir las tarjetas para llamar. Fuí al kiosko, 7 euros y tenía mi tarjeta. De vuelta en el teléfono, consulté por los vuelos salía uno en unas horas, pero desde otro aeropuerto del otro lado de París, Orly. El pasaje costaba también 600 euros... pensé en lo de los 25 años y le pregunté si había algo como aquello, había un precio para estudiantes, 124 euros. Pero tendría que certificar tal calidad, no tenía nada y había fallado en esto al intentar entrar al Louvre. Qué difícil!, de todos modos, le pedí el localizador de reserva.
El plan era ir hasta Orly y ver si conseguía el pasaje en avión. Tendría también el ticket de TGV como as bajo la manga, un as bastante caro, pero si me sobraba tiempo podría pasar por Austerlitz y devolverlo -el tipo (yo) realmente no tenía noción alguna de las distancias involucradas-.
Fui para otra terminal del aeropuerto (de nuevo en colectivo), para el mostrador de Iberia, estaba completamente vacío. Según alguien no habría actividad hasta las 17hs. De vuelta al teléfono público, le dije a la que atendió que en el aeropuerto no había nadie -yo quería saber si podia tomar el pasaje en categoría estudiante- me dijo que tenía idea; me arriesgué y compré el pasaje usando el código de reserva que obtuve en la llamada anterior. Tuve que usar la tarjeta. Para el momento tenía dos pasajes para Madrid. Había gastado 7+122+124 euros extra... Antes de irme hice una cola que duró algunas horas para ver si podía cambiar el vuelo que perdí. Fué en vano, era un vuelo perdido sin recambio. Plata y tiempo quemados. A la estación de trenes.
Compré un pasaje abierto para todo el día, para poder cambiar el pasaje de TGV, el ticket París Visite, 17 euros más. Ahora estaba con el tiempo justo, tenía que atravesar todo París para llegar a Orly, y tomar el vuelo que salía a las 17hs. Orly era lejos. Me terminé recorriendo todo París en tren. Estaba mucho más alerta en la combinaciones, tenía el tiempo justo. Un francés me explicó lo de los trenes, hay varios trenes que pasan por el mismo lugar y van a distintos lados, uno tiene que fijarse cual viene en los paneles que andan por el andén.
El tiempo no estaba de mi lado y me pareció perder uno de los trenes. Todavía faltaría un colectivo más de la terminal de trenes de Orly al aeropuerto.
Corrí el último tramo, llegué al mostrador de Iberia y directamente dije: 'perdí el vuelo de las 17hs', porque cuando uno afirma ellos tratan de negar, trató pero no pudo.
Había perdido mi vuelo de emergencia! no era mi día: me desperté tarde, me confundí de tren, perdí el vuelo, perdí un tren, perdí plata, perdí otro vuelo, perdí el día en Madrid... pero tenía mi TGV bajo la manga y las esperanzas de otro vuelo.
Esta vez la fortuna me sonrío y conseguí cambiar el vuelo a las 19hs para Madrid (a las 23hs salía el bus a Granada) me dejaba tiempo para cenar. Todavía no estaba seguro de ser admitido como estudiante, no estaría seguro hasta haber pasado el preembarque al menos. Dí unas vueltas, aproveché la tarjeta de 7 euros para llamar a casa, los créditos se evaporaron a los 50 segundos.
Consulté, por si acaso, había un mostrador o local de TGV en el aeropuerto en el que estaba. Otra vez, con suerte y contradiciendo las palabras de aquella empleada 'macanuda', había una y pude devolver mi boleto; recuperé lo de la devolución, cargado a la tarjeta.
Sólo me quedaba esperar 45 minutos e hice eso. Pasé el preembarque y ya estaba en carrera. Al fin, por una grieta, pude escaparme de París.
Au Revoir París!
(Domingo 10 octubre)
París Tour (Día)
Amanecía en París, yo seguía en Place du Trocadero deseando que el frío llegara a su fin. Es increíble el frío que se sentía. Había una exposcición en la galería de un museo adjunto, Kabuki, sobre actores japoneses (no se salían del tópico oriental).
Como era demasiado temprano, para desayunar en algún lugar debía esperar. Usé uno de los baños a monedas, cuarenta centavos de euro, vienen con una máquina lavamanos.
A esta hora se empieza a llenar de personas que quieren una buena foto de la Torre Eiffel, también el cielo se llena de estelas de aviones. Como nubes que duran horas.
En este momento, a corto plazo, pensaba en subir a la torre -después lo olvidaría- almorzar y luego ver el Arco del Triunfo de día (o al revés). Yendo para la plaza donde está el arco, me encontré con el Museo de Arte Moderno, Palais de Tokyo. Una construcción imponente, pero estaba vacía -sin exposiciones-, sólo servía de resguardo para algunas palomas y gente. Parecía bastante abandonado si lo comparaba con otros edificios.
Era la calle que llegaba al arco, en el medio tenía una plaza suficientemente grande como para alojar un mercado de feria (uno de esos típicos mercados de feria francés). Muy pintoresco, todos eran negocios familiares, y toda la familia colaboraba.
Había de todo -en cuanto a comida- la mayoría eran pescaderías con productos frescos, o con especialidades (spécialité); los mariscos (cangrejos gigantes, langostas, langostinos, gambas) estaban en su mayoría vivos, muy vivos. También había verdulerías, carnicerías, panaderías y rotiserías.
Yo estaba muriéndome de hambre. Al pasar por una panadería me quedé pensando que comprar, y la chica que atendía me ofreció probar un budín de chocolate. El chocolate no me gusta, pero el hambre me hizo sucumbir. Terminé comprándome algunas cositas para el día.
Lo recorrí por completo, pasé por una verdulería y ví una (hortaliza o verdura) rarísima, me llamó mucho la atención porque me recordaba a la construcción de un fractal. Le pedí a la encargada si me dejaba sacar una foto y casi no podían creer lo que oían. Me dió cosa no poder comprarles algo en agradecimiento, porque no sólo me dejaron sacar, sinó que también me explicaron como se le llamaba y como se escribía el nombre.
Encontré una plaza oculta en reconstrucción cerca del área donde se encontraba el mercado. Era un lugar muy interesante para ver o estar, pero bueno, cerrado por la obra. Seguí mi camino.
Ví el Arc de Triomphe de día, estaba superpoblado de turistas, autos y ómnibus que traían más visitas constantemente. Ya no era lo mismo que en la madrugada. Me dí cuenta bien de que lo estaban arreglando el andamio en la parte superior se notaba mucho más.
Los shoppings estaban llenos, me metí en uno para ver los precios, era un Fnac -igual a la cadena que está en Madrid-, tenía los mismos productos de siempre, quizá más variados (más opciones, otros colores) y con precios ligeramente superiores, pero superiores al fin.
Me llamó la atención un GPS bluetooth con el mapa de París, el hecho de saber que lo compraba a un precio superior me llevó a dudar, tampoco tenía muchos euros encima.
Recorrí los Champs-Elysées de día. A la altura del Grand Palais des Beaux-Arts; y del Petit Palais -uno en frente del otro, el último bajo una más intensa reconstrucción-, me desvié para contemplar la maravilla de esa construcción.
Estaba por entrar a la exposición: Images du Monde flottant, pero cuando me enteré de la hora desistí inmediatamente, no podía, lamentablamente. Será para otra ocasión. Tenía el Louvre.
Al salir contemplé nuevamente la belleza del edificio y sus decoraciones.
La vista me llevaba hacia el Hotel des Invalides y el Musée de l'Armée.
Todo en reformas (hasta el sitio web) pero no tan intensas, sólo una minúscula sección estaba cubierta por andamios.
Las galerías del museo eran gratuitas y había una visita especial a la tumba de Napoleón, que era paga. Había leído sobre las múltiples capas de la tumba, notable.
Saqué unas fotos al museo y decidí irme hasta el Café de Flore, lleno de gente. ¿Qué tenía este lugar de especial?: era un café al que iban algunos de personajes de la escena artística, escritores, yo sabía de Albert Camus (L'Etranger).
Tomé un café, mientras contemplaba la variedad de personas que me rodeaban, algunos eran turistas y el resto, la mayoría, parecían locales. Se vé que sigue siendo lo que solía ser, me refiero a que no es únicamente para turistas, sigue funcionando como un café.
Pasé por la iglesia de Saint-Germain y luego por la Place Saint-Michel, la fuente de la plaza tenía el recordatorio a la liberación de la ocupación alemana, a la memoria de los muertos en combate. A esta hora, este punto de encuentro no estaba tan lleno como en la noche anterior, pero ya se empezaba a llenar. Antes del Louvre tenía que pasar por Notre-Dame.
Notre-Dame se encuentra en la Ile de la Cité, una isla en medio del río Sena. Este lugar es sagrado desde los tiempos romanos (hubo un templo a Júpiter). La catedral es una obra sorprendente, es "la" construcción gótica por excelencia (al menos en Francia) y eso se ve fácil. Ya había pasado de noche y es tan impresionante como de día, ocupa casi dos manzanas. Aunque tardaron trescientos años en construirla, llega a tener novecientos de antiguedad.
Muy cerca de la catedral está el Palais de Justice, como empezó a llover en este momento. La Rue de Lutèce estaba cubierta por lluvia y gente con paraguas, salvo alguien, el primitivo que iba parando en los árboles para no mojarse tanto, yo.
Al fin, le tocó al Louvre. Imperdible obviamente. Como ya lo había corroborado varias veces, es inmenso. Prácticamente viene con advertencia: 'Elegí lo que querés ver y vé eso, si te queda tiempo libre, seguí con el recorrido del museo'. Cuando bajé para sacar la entrada, leí que era posible para la gente con menos de 26 años, haber entrado gratis el viernes. Ya era sábado. También leí que era gratis para estudiantes, me agarré la cabeza, no había traido ninguna credencial, libreta o documento "inútil" fuera de Buenos Aires. Pagué por eso. Es bastante diferente al Museo del Prado, principalmente debido a la magnitud del Louvre, me dió la impresión de estar en un laberinto tridimensional de salas y galerías. De todos modos fuí al grano: el retrato de Mona Lisa, La Gioconda.
Alrededor del cuadro habría aproximadamente 6x2 metros de personas empacadas que alzaban cámaras de todo tipo y flasheaban constantemente. Al grito de 'fuego a discreción'.
Un vidrio o filtro de varios centímetros de espesor absorbe la mayoría de la luz proyectada hacia la pintura. Comparado con lo que esperaba ver, debo decir que ligeramente ví, a través del polarizado. Brutal, dicen que estuvieron 3 años para restaurarla. Hace 6 que está permitido sacarle fotos. Ves algunos con camaras descartables sin flash, creyendo que sacan una foto. Ves a los que se vienen preparados con las digitales configuradas para las peores condiciones de luz. Igual se vé, pensé. Pero el filtro defiende, sólo a varios metros del cuadro se puede ver bien, si te acercás, la luz sobre el cuadro empieza a decaer.
El Louvre es un producto de consumo masivo. El tipo que estaba ahí cuidando el cuadro me dijo -después de comentar lo de la restauración y eso (le pregunté si todos los días era así)- 'pero no ven que está amarilla la piel', 'no entienden que hubo que restaurarla', para cerrar un 'bienvenido a Francia' después de mi 'adiós'.
Me puse a recorrer el resto de pinturas italianas, francesa, españolas, esculturas, etc. La otra estrella es la Venus de Milo. Mucho antes de terminar el plan básico, cerraban el museo. Volví para el hotel que me había gustado ayer por la calle Tiquetonne, esa zona estaba con plena actividad. Hoy quería dormir y me tenía que asegurar de encontrar un lugar. Los locales estaban repletos, había desfiles, actuaciones. En este momento, caminaba sólo por inercia.
El hotel que me gustaba no tenía mas lugar 'Complet' dijo la viejita que atendía, macanuda, amable. Si vuelvo reservaré ahí. Le pregunté por donde había otro y me mandó a unas cuadras, fuí y tampoco tenían lugar. Pregunté lo mismo que al primero, fuí a otro, y a otro... Cuando me estaba por resignar a dormir en la Terminal (aeropuerto) encontré uno que tenía lugar. 45 euros, porque tenía ducha.
Pensé en ducharme (aprovechar la inversión) y luego tirarme un rato, con energías renovadas, subiría a la torre Eiffel para cenar y luego sacarle una foto al esqueleto prendido en luces. Pasar por la Bastilla. Ubicar la Gare du Nord para tomarme el tren al aeropuerto.
Al fin pude pensar en descansar.
A la mañana siguiente se terminaba París y volvía para Madrid que la sentía como casa desde donde estaba.
Como era demasiado temprano, para desayunar en algún lugar debía esperar. Usé uno de los baños a monedas, cuarenta centavos de euro, vienen con una máquina lavamanos.
A esta hora se empieza a llenar de personas que quieren una buena foto de la Torre Eiffel, también el cielo se llena de estelas de aviones. Como nubes que duran horas.
En este momento, a corto plazo, pensaba en subir a la torre -después lo olvidaría- almorzar y luego ver el Arco del Triunfo de día (o al revés). Yendo para la plaza donde está el arco, me encontré con el Museo de Arte Moderno, Palais de Tokyo. Una construcción imponente, pero estaba vacía -sin exposiciones-, sólo servía de resguardo para algunas palomas y gente. Parecía bastante abandonado si lo comparaba con otros edificios.
Era la calle que llegaba al arco, en el medio tenía una plaza suficientemente grande como para alojar un mercado de feria (uno de esos típicos mercados de feria francés). Muy pintoresco, todos eran negocios familiares, y toda la familia colaboraba.
Había de todo -en cuanto a comida- la mayoría eran pescaderías con productos frescos, o con especialidades (spécialité); los mariscos (cangrejos gigantes, langostas, langostinos, gambas) estaban en su mayoría vivos, muy vivos. También había verdulerías, carnicerías, panaderías y rotiserías.
Yo estaba muriéndome de hambre. Al pasar por una panadería me quedé pensando que comprar, y la chica que atendía me ofreció probar un budín de chocolate. El chocolate no me gusta, pero el hambre me hizo sucumbir. Terminé comprándome algunas cositas para el día.
Lo recorrí por completo, pasé por una verdulería y ví una (hortaliza o verdura) rarísima, me llamó mucho la atención porque me recordaba a la construcción de un fractal. Le pedí a la encargada si me dejaba sacar una foto y casi no podían creer lo que oían. Me dió cosa no poder comprarles algo en agradecimiento, porque no sólo me dejaron sacar, sinó que también me explicaron como se le llamaba y como se escribía el nombre.
Encontré una plaza oculta en reconstrucción cerca del área donde se encontraba el mercado. Era un lugar muy interesante para ver o estar, pero bueno, cerrado por la obra. Seguí mi camino.
Ví el Arc de Triomphe de día, estaba superpoblado de turistas, autos y ómnibus que traían más visitas constantemente. Ya no era lo mismo que en la madrugada. Me dí cuenta bien de que lo estaban arreglando el andamio en la parte superior se notaba mucho más.
Los shoppings estaban llenos, me metí en uno para ver los precios, era un Fnac -igual a la cadena que está en Madrid-, tenía los mismos productos de siempre, quizá más variados (más opciones, otros colores) y con precios ligeramente superiores, pero superiores al fin.
Me llamó la atención un GPS bluetooth con el mapa de París, el hecho de saber que lo compraba a un precio superior me llevó a dudar, tampoco tenía muchos euros encima.
Recorrí los Champs-Elysées de día. A la altura del Grand Palais des Beaux-Arts; y del Petit Palais -uno en frente del otro, el último bajo una más intensa reconstrucción-, me desvié para contemplar la maravilla de esa construcción.
Estaba por entrar a la exposición: Images du Monde flottant, pero cuando me enteré de la hora desistí inmediatamente, no podía, lamentablamente. Será para otra ocasión. Tenía el Louvre.
Al salir contemplé nuevamente la belleza del edificio y sus decoraciones.
La vista me llevaba hacia el Hotel des Invalides y el Musée de l'Armée.
Todo en reformas (hasta el sitio web) pero no tan intensas, sólo una minúscula sección estaba cubierta por andamios.
Las galerías del museo eran gratuitas y había una visita especial a la tumba de Napoleón, que era paga. Había leído sobre las múltiples capas de la tumba, notable.
Saqué unas fotos al museo y decidí irme hasta el Café de Flore, lleno de gente. ¿Qué tenía este lugar de especial?: era un café al que iban algunos de personajes de la escena artística, escritores, yo sabía de Albert Camus (L'Etranger).
Tomé un café, mientras contemplaba la variedad de personas que me rodeaban, algunos eran turistas y el resto, la mayoría, parecían locales. Se vé que sigue siendo lo que solía ser, me refiero a que no es únicamente para turistas, sigue funcionando como un café.
Pasé por la iglesia de Saint-Germain y luego por la Place Saint-Michel, la fuente de la plaza tenía el recordatorio a la liberación de la ocupación alemana, a la memoria de los muertos en combate. A esta hora, este punto de encuentro no estaba tan lleno como en la noche anterior, pero ya se empezaba a llenar. Antes del Louvre tenía que pasar por Notre-Dame.
Notre-Dame se encuentra en la Ile de la Cité, una isla en medio del río Sena. Este lugar es sagrado desde los tiempos romanos (hubo un templo a Júpiter). La catedral es una obra sorprendente, es "la" construcción gótica por excelencia (al menos en Francia) y eso se ve fácil. Ya había pasado de noche y es tan impresionante como de día, ocupa casi dos manzanas. Aunque tardaron trescientos años en construirla, llega a tener novecientos de antiguedad.
Muy cerca de la catedral está el Palais de Justice, como empezó a llover en este momento. La Rue de Lutèce estaba cubierta por lluvia y gente con paraguas, salvo alguien, el primitivo que iba parando en los árboles para no mojarse tanto, yo.
Al fin, le tocó al Louvre. Imperdible obviamente. Como ya lo había corroborado varias veces, es inmenso. Prácticamente viene con advertencia: 'Elegí lo que querés ver y vé eso, si te queda tiempo libre, seguí con el recorrido del museo'. Cuando bajé para sacar la entrada, leí que era posible para la gente con menos de 26 años, haber entrado gratis el viernes. Ya era sábado. También leí que era gratis para estudiantes, me agarré la cabeza, no había traido ninguna credencial, libreta o documento "inútil" fuera de Buenos Aires. Pagué por eso. Es bastante diferente al Museo del Prado, principalmente debido a la magnitud del Louvre, me dió la impresión de estar en un laberinto tridimensional de salas y galerías. De todos modos fuí al grano: el retrato de Mona Lisa, La Gioconda.
Alrededor del cuadro habría aproximadamente 6x2 metros de personas empacadas que alzaban cámaras de todo tipo y flasheaban constantemente. Al grito de 'fuego a discreción'.
Un vidrio o filtro de varios centímetros de espesor absorbe la mayoría de la luz proyectada hacia la pintura. Comparado con lo que esperaba ver, debo decir que ligeramente ví, a través del polarizado. Brutal, dicen que estuvieron 3 años para restaurarla. Hace 6 que está permitido sacarle fotos. Ves algunos con camaras descartables sin flash, creyendo que sacan una foto. Ves a los que se vienen preparados con las digitales configuradas para las peores condiciones de luz. Igual se vé, pensé. Pero el filtro defiende, sólo a varios metros del cuadro se puede ver bien, si te acercás, la luz sobre el cuadro empieza a decaer.
El Louvre es un producto de consumo masivo. El tipo que estaba ahí cuidando el cuadro me dijo -después de comentar lo de la restauración y eso (le pregunté si todos los días era así)- 'pero no ven que está amarilla la piel', 'no entienden que hubo que restaurarla', para cerrar un 'bienvenido a Francia' después de mi 'adiós'.
Me puse a recorrer el resto de pinturas italianas, francesa, españolas, esculturas, etc. La otra estrella es la Venus de Milo. Mucho antes de terminar el plan básico, cerraban el museo. Volví para el hotel que me había gustado ayer por la calle Tiquetonne, esa zona estaba con plena actividad. Hoy quería dormir y me tenía que asegurar de encontrar un lugar. Los locales estaban repletos, había desfiles, actuaciones. En este momento, caminaba sólo por inercia.
El hotel que me gustaba no tenía mas lugar 'Complet' dijo la viejita que atendía, macanuda, amable. Si vuelvo reservaré ahí. Le pregunté por donde había otro y me mandó a unas cuadras, fuí y tampoco tenían lugar. Pregunté lo mismo que al primero, fuí a otro, y a otro... Cuando me estaba por resignar a dormir en la Terminal (aeropuerto) encontré uno que tenía lugar. 45 euros, porque tenía ducha.
Pensé en ducharme (aprovechar la inversión) y luego tirarme un rato, con energías renovadas, subiría a la torre Eiffel para cenar y luego sacarle una foto al esqueleto prendido en luces. Pasar por la Bastilla. Ubicar la Gare du Nord para tomarme el tren al aeropuerto.
Al fin pude pensar en descansar.
A la mañana siguiente se terminaba París y volvía para Madrid que la sentía como casa desde donde estaba.
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