Viaje al Norte

FlorecidoLa autopista costó menos de dos euros, desde Bilbo - Bilbao a Donostia - San Sebastián. A través de las montañas, el viaje es bastante rápido. Un puente reveló mar antes de llegar, la espuma del Cantábrico bañaba la piedra.

San Sebastián es una ciudad bellísima, con aire parisino pero ubicada en la costa. Varias playas, el centro: con museos, un acuario, la catedral, monumentos y edificios.

El último puenteLo más impresionante es la playa. Un canal divide la ciudad en dos partes, conectadas por puentes muy particulares; el último, al borde del mar, fué el que más me gustó.
Una muralla contiene la ciudad y escaleras cubiertas de musgo se hunden en el agua. Llevan a pasillos sumergidos.

El viento hacía golpear olas con mucha fuerza, descargando una lluvia salada sobre la calle que bordea el mar, empapando a la gente, a los autos y a la gente en los autos; gente -como yo- con la ventanilla baja. El salitre permaneció sobre el tablero hasta el fin del viaje.

Cielo abiertoAl caminar a la intemperie, la idea de llevar piedras en los bolsillos para no irse volando con el viento cobró algo de sentido.

La capa nublada del cielo era perforada por el sol, dejando pasar algunos rayos por el abierto.

Una isla y un castillo en la isla descansan en el medio de la playa más grande. La Concha, Ondarreta y La Zurriola son las playas.

Catedral de San Sebastián y la constucciónDe tarde recorrí el casco urbano, mucho movimiento, estaban de compras porque se venía el domingo -cierra todo- y hay que abastecerse.

De noche estaba todo tranquilo, más de lo esperado.

Noche azulLas peatonales de granito -entre charcos- reflejaban las luces de las construcciones. Las cosas a medio arreglar, como en todos lados, las grúas y la maquinaria abandonada.

El mar de noche es una de las cosas que más me atraen de un lugar, es ese sonido, que siento casi irreal, permanente.

La Catedral en el núcleo de la ciudad, con detalles decorativos realzados por la iluminación nocturna, es imponente y estilizada. Hacía tiempo que no veía esa calidad.

Catedral de San SebastiánTerminé durmiendo en un hostal, ecónomico pero agradable (wifi hotspot cerca), sobre la calle Madrid -debe faltar poco para que la renombren- a unas cuadras del Estadio de Anoeta.
La presión del agua en la ducha era tan alta que propulsaba la canilla (el grifo) hacia arriba.

Una mañana fría y oscura despertó, continuaba el Viaje al Norte.