Amsterdam Tour, Canalmania

El CanalTenés un campo, tenés tu casa, mucho verde, un molino y sol.
Pero sentís que algo te falta -no son ni los tulipanes, ni los suecos- entonces hacés un canal alrededor, también lo hace tu vecino y así sucesivamente.

El resultado: Holanda, en donde siempre hay un canal.

Luminosa AmsterdamAmsterdam es una ciudad donde podés optar en ir de un lado a otro caminando, en bici, en auto, en bus, en tranvía, en subte, en tren o en barco.

Los que más éxito tienen son las bicicletas, los botes y los tranvías. Las casas son angostas y altas.
Un holandés ligó gmail.

Red Lights DistrictLo primero que me llamó la atención fué la Zona Roja (Red Lights District), por donde pasé había una iglesia y alrededor casas con puertas ventana, detrás de la ventana una chica en bolas, iluminada por una luz roja.

Cuando pasás, te saludan y te llaman, o golpean con el anillo la ventana. A cualquier hora, no hay horario de protección al menor.

"In Amterdam you're free, some people can't stand that freedom and they don't like Amsterdam" -decía un tipo.


Una plaza másLos coffee shops son los negocios donde venden drogas, drogas suaves, como marihuana, hashís, hongos y alguna que otra cosa.

Son legales y pueden vender mientras sean productos "naturales", por ejemplo no pueden vender alcohol; aunque -para eso- algunos tienen la licencia de bar y de coffee shop.

Una torre másHay muchas librerías y shoppings. En el centro son las comidas rápidas las típicas, la más común, el conito de papas fritas, con una generosa dosis de mayonesa-queso, riquísimo.

Los estadounidenses (Americans) invaden el lugar. A veces notaba una ligera disneylandización y la ciudad perdía un poco su atractivo.

Una linda ciudad, bastante cómoda, los precios eran más o menos como en Madrid.

Gata en la BarraMientras disfrutaba una pinta de Heineken -la tirada en Amterdam, como lo sería Quilmes en Quilmes- y escuchaba a una estudiante sueca bardear la pronunciación de los holandeses (muy gutural), en medio del ambiente viciado de marihuana -tanto que mi compañero ya no podía fumar más- me pareció ver un gato sentado en la barra; si, quizá una gata, toda blanca, que saciaba su sed. Como no lo iba a creer, apurado le saqué una foto.

Seguí tomando hasta que se terminó el día. Pasado un tiempo revisé la cámara y ahí estaba: la gata concentrada en su bebida. Esa noche, dejé algunos dibujos en birome bajo los posavasos Heineken.