Viaje a Granada

Ya pasó tanto tiempo desde que fuí, casi no termino esta publicación. Pero bien, si la voy a terminar asi que sigamos con lo que ya es historia.

Al llegar de Orly París a Barajas Madrid, tenía que correr a toda velocidad para estar en la estación de autobuses y conseguir los pasajes. Usando las cintas transportadoras, escaleras mecánicas y el metro llegué con tiempo de sobra. Extrañaba esa facilidad de ir de un lado a otro que se tiene en Madrid.

Pedí mis reservaciones en la ventanilla y se imprimieron los boletos. El bus, esta vez era clase base, nada de clase eurobus a 60 euros. Vamos, un simple bus que costo 26 euros debía ser otra cosa... no fue así, resultó ser igual al eurobus. Ya sé para la próxima.

La idea de ir en bus incluía aprovechar el viaje para dormir, por suerte estaban la mitad de las plazas vacías, así que tenía espacio de sobra. Pero como siempre cuando viajo, no pude dormir, me quedé viendo por la ventanilla. ¿Qué veía si estaba todo obscuro?.

Infame pantalla azulAntes de salir de la estación pasé por un supermercado chino y llené el stock para el viaje, el stock duró hasta que tomé el colectivo, había llegado con hambre. Hambre por haber esperado que los muchachos de Iberia me dieran algo para comer en el vuelo, no sucedió, o si sucedió pero tenía que pagar, poco comí entonces.

Mientras cenaba mis reservas, veía la pantalla de información con los horarios colgarse y mostrar la pantallita azul.

No me resistí y le saqué una foto que no logró captar la infamia de aquel monitor. Había gente, poca luz y dificultad; salió como salió.

Ya era hora de subir, dejé de dar vueltas y me senté en mi lugar. Antes de salir el "autocar" tenía que pasar por la Estación de Autobuses Sur (en Madrid), ahí se subió la otra mitad del pasaje y aún así, quedaba mucho lugar disponible. Permanecí sin acompañante y por suerte el indeseable lector de adelante no consiguió que su lámpara prendiera (se fué en búsqueda de otro asiento al fondo).

El resto del viaje sólo fue interrumpido por un descanso de media hora en algún parador en medio de la nada. El camino que recorrés para ir de Madrid a Granada es muy sinuoso, en extremo y no hay mucha luz en la autopista, sólo en algunos pasajes entre montañas; fué muy interesante haber hecho este viaje de noche, creo que por eso no me pude dormir como quería hacerlo.

El día -o más bien la madrugada del- 10 de octubre me encontraba en la estación de buses de Granada, que está bastante lejos del centro. Hacía muchísimo frío y afuera estaba todo obscuro. Me quedé esperando en el café hasta que amaneció.

Luego de esperar unas cuantas horas, pude ver el sol iluminando Granada y sentir que la temperatura aumentaba. Ahí decidí salir, aunque todavía fuese muy temprano.