Una parte de mi se queda en California

Así es y esta entrada se habría titulado «El fin de semana trágico», pero no me atrajo el toque dramático.

El problema fue no prestarle atención a un ligero dolor de cabeza, todas las mañanas se repetía, luego a la tarde y el viernes todo el día, cada vez más fuerte. Empecé a tomar «Tylenol Extra Strenght» -calmaba un poco- seguí hasta la noche, ya el dolor era imparable a esta altura.

En la madrugada del sábado -por horas- hice varios intentos fallidos de dormir pero el dolor era uno de los más intensos que he sentido en mi vida y lo peor: aumentaba. Realmente no tenía idea del origen, sufría desde la cabeza hasta el cuello. Alrededor de las cuatro de la madrugada había pasado el umbral de tolerancia máximo, empecé a buscar los papeles de asistencia al viajero, no tenía ningún número de socio.

Recorriendo la habitación desesperadamente me retorcía de angustia, esperando que se hiciera más de día para poder llamar. Una hora después, llamé por teléfono para solicitar atención, la central de llamadas es en Miami, no podía usar mi teléfono para ese número. Me comuniqué con alguien que hizo que me llamaran, una hora más y me dirigieron al hospital. Terriblemente afectado, manejé hasta el hospital solo, por suerte era bastante cerca, no quería molestar a nadie tan temprano.

Llegué al hospital encorvado y agarrándome la cara, estaba seguro que era algo con mis dientes. Cuando me acerco al mostrador, el que atendía me pide rellenar un formulario, uno de los campos era el número de seguridad social, fin del camino. Dolorido igualmente noté el detalle de la pésima traducción al español del formulario, un ejemplo literal; «(El género: masculino / la hembra)», era demasiado.

Le comenté al encargado mi situación y que tenían que llamar a un número para confirmar, a lo que replicó, «nosotros no hacemos ninguna llamada, estamos muy ocupados para hacerlo», obviamente no había nadie ahí y la segunda parte de la frase no tenía mucho sentido. Igualmente, las reglas son las reglas, ¿dónde hay un teléfono?, busqué monedas justo después de preguntar pero el número era gratuito. Cuando llamo el mismo personaje que me había atendido la primera vez me comenta que no tenía obra social... porque había alguien más con mi DNI, nombre y otros datos, pero se llamaba Adrián Rodriguez.

Ya no tenía otra opción, el problema era que tampoco tenía dinero encima, hora de volver a sufrir. Volví al apartamento y llamé para que se hicieran cargo del asunto de la obra social en Argentina. Unas cuantas horas y llamadas después tenía obra social, un nuevo destino: dentista.

Afuera llovía y hacía frío, no había dormido por más de un día. Fuí hasta la dirección pero no encontraba nada. Espere media hora a la intemperie -el frío calmó el dolor- hasta que quien me llevó encontró el lugar. Resulta que la clínica dental estaba justo detrás de otra que estaba cerrada.

Al fin (o no); el frente de la clínica estaba decorado con luces de neón y todas las palabras en chino. Después de presentarme recibí un block con formularios para llenar mientras temblaba por la tortura, lo llené de la manera más desprolija y breve posible. Me dijeron que iba a tener que pagar, no me importaba.

Fué increíble la velocidad para encontrar el problema: muela del juicio infectada, la infección no entraba en la radiografía. Habría que sacarla pero primero necesitaba unos días de antibióticos. Por favor, ¡denme algo ya! Me dieron la receta y salí corriendo para la farmacia más cercana.

En la farmacia al entregar la receta noto que el farmacéutico la analiza demasiado y reflexiona, hasta que me dice que no puede entregarme nada porque esa receta solo aceptaba una medicina por hoja y había dos en una. Las reglas son las reglas, no había problema porque era todo relativamente cerca, pero por Dios, ¿qué más falta?



Farmacia, Clínica, Farmacia, ya era mediodía y estaba entregado, compraría cualquier cóctel y terminaría con esto yo mismo. Al volver a la farmacia, el lugar donde atendían había bajado la cortina, simplemente cerró. Perdido, recorro en círculos y voy hacia la salida (¿a gritar?) y me encuentro con el farmacéutico que traía una bolsita, volvía con comida. Se ve que no se me notaba el dolor, el tipo era macanudo. Las drogas aquí se "preparan" así que tendría dieciocho minutos más para tenerlas y otros cinco de explicación.

Volví y después del calmante dormí todo el día, luego el martes la extracción y después arreglar todos los asuntos administrativos.